Noticias

Reseña: Volumen 22 - Economía

Reseña: Volumen 22 - Economía


We are searching data for your request:

Forums and discussions:
Manuals and reference books:
Data from registers:
Wait the end of the search in all databases.
Upon completion, a link will appear to access the found materials.

En Gran Bretaña y Estados Unidos, una secta muy extraña se ha hecho con el poder. Creen que todos podemos alcanzar el paraíso financiero, si solo se hacen ciertos sacrificios. Debe haber desregulación, debe haber privatización y los mercados deben dejarse sin ser molestados, para que hagan mejor su magia. Los gobiernos democráticos, los sindicatos y los profesionales tendrán que aceptar que no hay alternativa. Mientras tanto, la seguridad laboral, las viviendas asequibles y los servicios públicos decentes deben desaparecer en el calor de la ingeniería financiera. Una nueva clase ha estado presidiendo este país de las maravillas: los nuevos atletas olímpicos. Desde finales de los cuarenta han estado planeando su próximo movimiento en reuniones en la cima de la montaña que harían palidecer a Ian Fleming. Ahora los aviones privados los llevan a donde quieren ir mientras le cuentan al mundo las buenas noticias. Pero, a raíz del colapso de Northern Rock y la crisis crediticia, las buenas noticias son escasas. En esta divertida e impactante exposición, Elliott y Atkinson revelan el dogma que nos ha llevado al borde del desastre y nos muestran cómo escapar de las espirales del pensamiento basado en la fe. Los nuevos atletas olímpicos ya han hecho un gran daño a ambos lados del Atlántico. Los mineros, agricultores y trabajadores industriales son los que más han sufrido hasta ahora. Pero a medida que las fuerzas del mercado ejercen presión sobre la salud, la educación y las profesiones, las clases medias comienzan a sentir la presión. Los mercados no son mágicos. La deuda no es libertad. Los dioses han fallado. Es hora de vivir sin ellos.


Reseña: Volumen 22 - Economía - Historia

Universidad de Texas en Austin
Escuela de Asuntos Públicos Lyndon B. Johnson

Publicaciones

Libros

James K. Galbraith
Desigualdad: lo que todos deben saber
Nueva York: Oxford University Press, 2016.

James K. Galbraith
El fin de lo normal: la gran crisis y el futuro del crecimiento
Nueva York: Simon & Schuster, 2014.

James K. Galbraith
Desigualdad e inestabilidad: un estudio de la economía mundial justo antes de la crisis
Nueva York: Oxford University Press, 2012.

Reseñas de libros, informes de prensa y premios

James K. Galbraith y Maureen Berner, eds.
Desigualdad y cambio industrial: una visión global
Nueva York: Cambridge University Press, 2001, en tapa dura y en rústica.
Edición en español, Disigualdad y Cambio Industrial: Una Perspectiva Global, AKAL, Economía Actual, 2004. Traducción de Sergio Cámara Izquierdo.

James K. Galbraith
Creado desigual: la crisis en el pago estadounidense, Nueva York: The Free Press, 1998. A Twentieth Century Fund Book. Edición de bolsillo, University of Chicago Press, 2000.

Garcilazo Corredera J.E. (2007).
Desempleo y desigualdad en los mercados laborales regionales en Europa
Saarbrücken: VDM Verlag Dr. Müller e.K.

Kim, Junmo (2005).
Globalización y desarrollo industrial
Lincoln: iUniverse

Artículos

Repensar la medición y mitigación de la pobreza: un comentario sobre Udaya Wagle

Revista Internacional de Ciencias Sociales (Número especial: 70 años de la Revista Internacional de Ciencias Sociales) Marzo-junio 2019, vol. 68, número 227-228, 179-181.

Una macroeconomía global - sí, macroeconomía, maldita sea - de desigualdad y distribución del ingreso

Revisión de la economía keynesiana Vol. 7 No. 1, primavera de 2019, 1-5.

Escasos, inconsistentes y poco confiables: registros fiscales y el Informe mundial sobre la desigualdad 2018

Revisión de la economía keynesiana (enfoque, desarrollo y cambio) Vol. 50, número 2, marzo de 2019, 329-346.

Desigualdad en la globalización: una repetición

Informe especial del DOC 12 de marzo de 2018.

La política y la pedagogía de la desigualdad económica: una breve contribución

Simposio de Pedagogía de la Desigualdad Vol. 50, número 4, octubre de 2017, 1074-1076.

Revisión de la globalización y la desigualdad

Revista Argumenta Oeconomica Cracoviensia No. 15, 2016

Una comparación de los principales conjuntos de datos sobre desigualdad en el mundo: LIS, OCDE, EU-SILC, WDI y EHII

Investigación en Economía Laboral Vol. 44, 2016, 1-48.

Por: James K. Galbraith, Jaehee Choi, Béatrice Halbach, Aleksandra Malinowska y Wenjie Zhang

Desigualdad después del TLCAN: notas sobre la evidencia

Revista Internacional de Economía Política Julio de 2015, 61-81.

Desembalaje de la primera ley fundamental

Revista económica mundial Edición No. 69, octubre de 2014.

La evolución de la desigualdad económica en los Estados Unidos, 1969-2012: evidencia de datos sobre ingresos interindustriales e ingresos interregionales

Revista económica mundial 3: 1-19, 2014

Por: James K. Galbraith y J. Travis Hale

Austeridad y fraude bajo diferentes estructuras de tecnología y abundancia de recursos

Cambridge Journal of Economics Vol. 26, número 1, enero de 2012, 335-343.

Por: James K. Galbraith y Jing Chen

Estructuras y políticas institucionales en un entorno de recursos cada vez más escasos y costosos: una perspectiva de costos fijos

Revista de cuestiones económicas Vol. XLV No. 2, junio de 2011, 301-309.

Por: James K. Galbraith y Jing Chen

Desigualdad y cambio económico y político: una perspectiva comparativa

Cambridge Journal of Regions, Economía y Sociedad 2010, 1-15.

Desigualdades, empleo y convergencia de ingresos en Europa: evidencia de datos regionales

Revista Internacional de Economía Aplicada (Número especial sobre Globalización, crecimiento y seguridad económica: variedades del capitalismo en el siglo XXI) Vol. 24, Número 3, junio de 2010, 359-377.

Por: James K. Galbraith y Jose Enrique Garcilazo

Desigualdad salarial en el sector manufacturero turco por regiones estadísticas: 1980-2001

Revisión de estudios de desarrollo urbano y regional Vol. 22 Edición 1, 2010, 55-72.

Desigualdad salarial en Turquía en la era neoliberal: 1980-2001

La Revista Europea de Economía Comparada Vol. 6, Número 2, 2009, 177-206.

Por: Adem Elveren y James K. Galbraith

Desigualdad, desempleo y crecimiento: nuevas medidas para viejas controversias.

Revista de desigualdad económica Vol. 7, Número 2, 2009, 189-206.

Burbuja de Beijing, quiebra de Beijing: desigualdad, comercio y entrada de capital a China

Revista de asuntos actuales chinos - China Aktuell Vol. 38, Número 2, 2009, 3-26.

Por: James K. Galbraith, Sara Hsu y Wenjie Zhang

Desigualdad de ingresos estatales y participación y resultados en las elecciones presidenciales.

Social Science Quarterly Vol. 89, Número 4, 2008, 887-901.

Por: James K. Galbraith y J. Travis Hale

Inequidad Salarial en Cuba durante el Periodo Especial

América Latina Hoy 2008, 48, 109-138.

Por: James K. Galbraith, Laura Spagnolo y Daniel Munevar

Igualdad económica y victoria en la guerra: una investigación empírica

Economía de la defensa y la paz Vol. 18, número 5, octubre de 2007, 431-449.

Por: James K. Galbraith, Corwin Priest y George Purcell

Desigualdad global y macroeconomía global

Revista de modelado de políticas Vol. 29 de 2007, 587-607.

¿De qué se trata realmente el modelo estadounidense? Presupuestos blandos y la revolución keynesiana

Cambio industrial y corporativo Vol. 16, número 1, febrero de 2007, 1–18.

Desigualdad económica y poder político: un análisis comparativo de Argentina y Brasil

Negocios y Política Vol. 9, número 1, abril de 2007, 1-23.

Por: James K. Galbraith, Laura Spagnolo y Sergio Pinto

Maastricht 2042 y el destino de Europa: hacia la convergencia y el pleno empleo

Informe de políticas públicas del Levy Economics Institute No. 87, noviembre de 2006. Publicado por separado por Friedrich Ebert Stiftung, Unidad de Análisis de Políticas Internacionales, marzo de 2007.

Desigualdad estadounidense: de la caída de las tecnologías de la información al gran auge del gobierno

La voz de los economistas Vol. 3, Número 8, 2006, artículo 6.

Por: James K. Galbraith y Travis Hale

Desempleo en Europa: algunas sugerencias estadounidenses

Revista de política internacional y sociedad 1:2006, 39-45.

Desigualdad salarial en Europa 1995-2000: convergencia entre países y estabilidad interna

Revista europea de economía comparada Vol. 2, número 2, diciembre de 2005, 139-175.

Por: James K. Galbraith y Enrique Garcilazo

Estimación de la desigualdad de los ingresos de los hogares: hacia un conjunto de datos globales denso y coherente

Revisión de ingresos y riqueza Vol. 51, número 1, marzo de 2005, 115-143.

Por: James K. Galbraith y Hyunsub Kum

Seguimiento del aumento de la desigualdad en Rusia y China

Ángulo más ancho 2:2005, 4-7.

Desigualdad global y política global

Revista de pensamiento social católico Vol. 2, Número 1, 2005, 125-151.

Desigualdad salarial en el sector manufacturero de la India, 1979-1998

Semanario Económico y Político, Nueva Delhi Vol. 39, número 28, 10 de julio de 2004, 3139-3148.

Por: James K. Galbraith, Deepshikha Roy Chowdhury y Sanjeev Shrivastava

La experiencia del aumento de la desigualdad en Rusia y China durante la transición

Revista europea de economía comparada Vol. 1, Número 1, 2004, 87-106. También en ruso en Mir Peremen (Mundo de transformaciones) Vol 1, número 2, 2004

Por: James K. Galbraith, Ludmila Krytynskaia y Qifei Wang

Desempleo, desigualdad y política europea, 1984-2000

Revista trimestral de la Banca Nazionale del Lavoro Vol. 57, número 228, marzo de 2004, 3-28. Reimpreso en Richard P. F. Holt y Steven Pressman, eds., Economía empírica poskeynesiana: una mirada al mundo real Armonk: M.E. Sharpe, 2007, 44-69.

Por: James K. Galbraith y Enrique Garcilazo

El problema económico estadounidense

Intervenciones Vol. 1, número 1, marzo de 2004, 9-14. También publicado en Revisión económica posautista Número 25, 21 de mayo de 2004.

Desigualdad y crecimiento económico: una visión global basada en medidas salariales

Estudios Económicos CESifo Vol. 49, Número 4, 2003, 527-556.

Por: James K. Galbraith y Hyunsub Kum

¿De qué se trata realmente el modelo estadounidense? Presupuestos blandos y la devolución keynesiana

Informe de políticas del Levy Economics Institute Número 72, 2003. Reimpreso en Revisión de la Universidad de Economía de Poznan Vol. 3, número 1, 2003, 5-22 y en Egyenlítõ(Budapest) Vol 1, Número 4, noviembre de 2003, 9-13. Versión corta traducida como "¿Que es realmente el modelo estadounidense? Presupuestos moderados y devolución keynesiana" en Vanguardia(Barcelona), Numero 7, Julio / Septiembre 2003, 72-78. También publicado por Open Democracy y en Le Nouvel Economiste

Intensidad tecnológica y dinámica intersectorial de la desigualdad: evidencia de la OCDE, 1970-1990

Revista Internacional de Política y Gestión Tecnológica Vol. 2, Número 3, 2002, 315-337.

Por: James K. Galbraith y Pedro Conceição

Un crimen perfecto: desigualdad en la era de la globalización

Dédalo Vol.131, número 1, invierno de 2002, 11-25.

La importancia de ser suficientemente iguales

Negocios y Política Vol. 19, Número 1, enero de 2002, 201-224. También publicado en ¿Deberían importar las diferencias de ingresos y riqueza? Editado por Ellen Frankel Paul, Fred D. Miller jr y Jeffrey Paul, Nueva York: Cambridge University Press, 2002: 201-225.

Cátedra Vicentina de Justicia Social Vol. 5, 1999 Presentations, 2000, 10-13.

Construcción de series de tiempo largas y densas de desigualdad utilizando la estadística de Theil

Revista económica del este Vol. 26, número 1, junio de 2000, 61-74.

Por: James K. Galbraith, Pedro Conceição

Desigualdad y desempleo en Europa: la cura estadounidense

Negocios y Política Vol. 4, Número 2, junio de 2000, 194-203.

Por: Paulo Du Pin Calmon, Pedro Conceição, James K. Galbraith, Vidal Garza-Cantú y Abel Hibert

Desigualdad y desempleo en Europa: la cura estadounidense

Nueva revisión de la izquierda Número 237, septiembre-octubre de 1999, 28-51. También publicado como "Ungleicheit und Arbeitslosigeit en Europa: Das amerikanische Rezept" en Berliner Debatten 10 Jahrgang 1999, 4/5 (diciembre) 50-67.

Por: Pedro Conceição, James K. Galbraith y Pedro Ferreira

La estructura salarial estadounidense, 1920-1947

Investigación en Historia Económica Vol. 19, 1999, 205-257.

Por: Thomas Ferguson y James K. Galbraith

Desigualdad en los salarios manufactureros estadounidenses, 1920-1998: una estimación revisada

Revista de cuestiones económicas Vol. 33, número 3, verano de 1999, 735-743.

Por: James K. Galbraith, Vidal Garza-Cantú

Actas de la Sociedad Filosófica Estadounidense Vol. 143, número 2, junio de 1999, 178-186.

Desigualdad y desempleo: un llamado a la rebelión y la acción política

Die Blaetter fur Deutsche e Internationale Politik Verano de 1998.

Desigualdad y cambio industrial: el legado del HCI: un análisis empírico de la política industrial coreana

Revista de desarrollo económico (Seúl) Vol. 23, Número 1, junio de 1998, 1-20.

Por: James K. Galbraith y Junmo Kim

La tasa ética de desempleo: una nota técnica

Revista de cuestiones económicas Vol. 32, Número 2, junio de 1998, 531-537.

Desigualdad y desempleo: un análisis a lo largo del tiempo y los países

Investigación sobre desigualdad económica Vol. 8, 1998. Daniel Slottje, editor de la serie, Stamford, CT: JAI Press, 121-154.

Revista de perspectivas económicas Vol. 11, número 1, invierno de 1997, 93-108.


Asian Development Review: volumen 37, número 1

Esta edición analiza los problemas económicos, ambientales y de desarrollo actuales en Asia, como la pobreza, la migración y los derrames financieros. Presenta estudios de investigación en Pakistán, la República Popular de China, Tailandia y Vietnam.

Los estudios presentados en esta edición también proporcionan datos e información sobre las tendencias de la pobreza estacional y la migración estacional en Asia, así como análisis de los derrames financieros entre las economías emergentes de Asia y las economías avanzadas en todas las regiones.

Contenido

Este documento resume las lecciones aprendidas de la serie de ensayos de migración estacional, las implicaciones de estos resultados para la mala asignación espacial, la urbanización y el crecimiento, y la replicabilidad y relevancia de esta y otras políticas que fomentan la migración nacional de manera más amplia para otras áreas de Asia y Europa. Región pacífica.

Utilizando un conjunto de datos construido recientemente que se basa en la Encuesta de Empleadores y Empleados de China, este documento proporciona nueva evidencia sobre la brecha de ingresos entre los trabajadores migrantes rurales y los trabajadores industriales urbanos en la República Popular China.

Este documento utiliza el nivel de préstamo de la Oficina Nacional de Crédito de Tailandia para estudiar la deuda de los hogares durante el ciclo de vida de los prestatarios.

Este documento explora los derrames financieros entre Asia y las economías avanzadas utilizando el análisis de componentes principales para extraer shocks comunes en Asia.

Al clasificar el comercio internacional verde y no verde para el período 1980-2015, este estudio investiga las tendencias en el comercio verde, las exportaciones y las importaciones, respectivamente.

Este documento proporciona evidencia que respalda una razón fundamental de política pública para promover la formalización: mayores ingresos fiscales.

Este documento evalúa la eficiencia ambiental y económica de las plantas térmicas que operan con combustibles fósiles en Pakistán utilizando métodos basados ​​en el análisis envolvente de datos.

Utilizando la Encuesta de medición del nivel de vida y sociales de Pakistán 2014-2015 y métodos econométricos sólidos, este estudio analiza diferentes tipos de energía utilizados para cocinar entre los hogares urbanos en Pakistán.


Reseña: Volumen 22 - Economía - Historia

Actualizado el 17 de agosto de 2015

La economía coreana: de un pasado milagroso a un futuro sostenible (Monografías de Harvard en Asia Oriental) con Wonhyuk Lim, Yung Chul Park y Dwight H. Perkins. Centro de Asia de la Universidad de Harvard, marzo de 2015.

Internacionalización del renminbi: logros, perspectivas y desafíos, coeditado con Masahiro Kawai. Brookings Institution Press y el Asian Development Bank Institute, febrero de 2015.

Del milagro a la madurez: el crecimiento de la economía coreana, con Dwight H. Perkins y Kwanho Shin. Harvard University Press, noviembre de 2012.

"El desafío de China: cómo fortalecer el sistema bancario", Ideas de capital (otoño de 2015).

"De la reducción gradual al ajuste: el impacto de la salida de la Fed en la India" (con Kaushik Basu y Poonam Gupta), Foro de políticas de la India (Agosto de 2015).

"Cómo termina la crisis del euro: no con una explosión, sino con un debilitamiento", Revista de modelado de políticas (Julio de 2015).

"El estancamiento secular: la visión a largo plazo", Documentos y procedimientos de American Economic Review (Mayo de 2015).

"Los usos y usos indebidos de la historia económica", en Owen Humpage (ed.), Política actual de la Reserva Federal bajo la óptica de la historia económica (Cambridge University Press, 2015).

"La próxima crisis financiera", Economia Politica (2015).

"Tres preguntas para el Sr. Draghi" Handelsblatt, 12 de septiembre de 2014.

"¿Es el Bundesbank demasiado creativo para su propio bien?" Finanz und Wirtschaft , 10 de septiembre de 2014.

"Liderazgo en un mundo sin líderes", Calcalista (Business Week Israel), 7 de septiembre de 2014.

"Los banqueros anhelan un pasado imaginario", Tiempos financieros (23 de agosto de 2014).


Educación

Áreas de especialización

  • Regulación financiera y crisis financieras en el mundo
  • Historial financiero
  • Desarrollo economico

Cursos

ECON 390 T / ECON 536

ECON 463

ECON 510 / ECON 352 (S)

Comités Actuales

Áreas de especialización

Regulación financiera y crisis financieras en todo el mundo, historia financiera, desarrollo económico

Libros

The Guardians of Finance: Making Regulators Work for Us, MIT Press, 2012, (con James Barth y Ross Levine). Mención de honor, Premios Prose 2012, Asociación de Editores Estadounidenses. Revisa aquí.

& # 8220Ha habido muchos libros sobre la crisis financiera. Pero este es diferente. Si bien reconocen que los financistas privados hicieron mucho daño, los autores destacan a los reguladores de todo el mundo. Argumentan que la crisis no les sucedió solo a los responsables de la formulación de políticas, sino que fue gracias a ellos, y ofrecen argumentos cuidadosos y bien razonados para respaldar su caso. Guardians of Finance debe ser leído por todos los interesados ​​en el futuro de la libre empresa. & # 8221 Raghuram G. Rajan, The University of Chicago Booth School of Business

& # 8220Este libro se convertirá en un clásico para aquellos que quieran aprender qué hubo detrás de la crisis financiera global & # 8212 no solo qué salió mal, sino por qué las reformas actuales no funcionaron & # 8217t. Lo más importante es que ofrece pautas para prevenir la próxima crisis al obligar a los reguladores, los guardianes de las finanzas, a trabajar por el interés público en lugar de por las élites estrechas. & # 8221 Nouriel Roubini, cofundador y presidente de Roubini Global Economics

Repensar la regulación bancaria: Till Angels Govern, Cambridge University Press 2006 (con James Barth y Ross Levine).

Crisis financieras: lecciones del pasado, preparación para el futuro, The Brookings Institution, 2005 (editado con James A. Hanson y Robert Litan).

Finance for Growth: Policy Choices in a Volatile World, Oxford University Press, mayo de 2001 (con Patrick Honohan).

Liberalización financiera: ¿Qué tan lejos, qué tan rápido? Cambridge University Press, 2001 (editado con Patrick Honohan y Joseph Stiglitz)

Reforma financiera: teoría y experiencia, Cambridge University Press, 1994 (con Izak Atiyas, James Hanson, et al.).

Building Sound Finance in Transitional Economies, Fondo Monetario Internacional, 1994 (editado con David Folkerts-Landau y Timothy Lane).

Instrumentos de política monetaria para países en desarrollo, World Bank Press, 1991 (editado con Patrick Honohan).

Documentos

& # 8220 Evaluación del PASF: calidad, relevancia y valor agregado ”, documento de antecedentes para la evaluación de la vigilancia financiera, BP / 18-02 / 02, 2018

& # 8220 Regulación financiera para el desarrollo económico, & # 8221 con James Barth, en Thorsten Beck y Ross Levine, eds., Handbook of Finance and Economic Development, Edward Elgar Press, 2018.

& # 8220 Préstamos de día de pago: ¿Depende la regulación de qué partido tiene el poder? & # 8221 con James Barth y Moutusi Sau, Centro de Mercados Financieros del Instituto Milken, Miradores, Octubre de 2015.

“Mis-Diagnosis: Incomplete Cures of Financial Regulatory Failures”, con Ross Levine y James Barth, documento presentado en las reuniones de la Asociación Económica Occidental, junio de 2014.

& # 8220 Regulación financiera después de la crisis: ¿Cómo llegamos aquí y cómo salimos? .

& # 8220 Regulación y supervisión bancaria en 180 países de 1999 a 2011, & # 8221 con James Barth y Ross Levine, NBER Working Paper 18733, enero de 2013. Los datos están disponibles en la página web de Ross Levine & # 8217s.

“The Evolution and Impact of Bank Regulations”, con James Barth y Ross Levine, Documento de trabajo de investigación de políticas del Banco Mundial 6288, diciembre de 2012.

& # 8220Financial Sector Surveillance in the Country Dialogue ”, documento preparado para la Oficina de Evaluación Independiente del Fondo Monetario Internacional, mayo de 2011.

“Regulación financiera en un mundo cambiante: lecciones de la crisis reciente”, documento preparado para el VII Coloquio sobre “Colapso financiero: ¿cómo están gestionando la crisis las naciones y organizaciones más grandes?”, Organizado conjuntamente por la Associazione Luiss-Guido Carli y la Fondazione Cesifin “Alberto Predieri” en colaboración con los editores del Journal of Financial Stability, 2 de octubre de 2009 - Ravenna.

“Banca segura y sólida: ¿un papel para los requisitos regulatorios anticíclicos?” Documento de debate, William College e Instituto de Estudios de Integración Internacional, Trinity College, diciembre de 2009.

"Finanzas de alto riesgo: sí, todavía estamos en Kansas", en Es hora de una mano visible el caso de una mejor regulación en los mercados financieros& # 8216, Joseph Stiglitz, Stephany Griffith-Jones y Jose Antonio Ocampo (eds), Oxford University Press, 2010.

"Banking Crises", con Patrick Honohan, en Allan Berger, Philip Molyneux y John Wilson, eds, El manual de banca de Oxford, Prensa de la Universidad de Oxford, 2009.

& # 8220Comparative International Characteristics of Banking, & # 8221 con James Barth, Ross Levine y Dan Nolle, Actas de la conferencia del Banco de Inglaterra, 2007.

& # 8220Cambio de la regulación bancaria: para bien o para mal, & # 8221 con James Barth y Ross Levine, Estudios económicos comparados, Verano de 2008.

& # 8220 La gran epidemia de innumeración, & # 8221 El regulador financiero, Volumen 11, No. 4, marzo de 2007.

& # 8220 Gobernanza y valoración bancaria, & # 8221 con Luc Laeven y Ross Levine, Revista de intermediación financiera, Volumen 16, No. 4, octubre de 2007.

& # 8220 The Microeconomic Effects of Different Approaches to Bank Supervision, & # 8221, de próxima publicación en Stephen Haber, ed., 2006 (con James Barth y Ross Levine).

& # 8220 Regulación bancaria: lo que realmente funciona, & # 8221 Revisión de Milken, Septiembre de 2005, con James Barth y Ross Levine.

& # 8220 Regulación y supervisión bancaria: qué funciona mejor, & # 8221 Revista de intermediación financiera, Vol. 12, abril de 2004, 205-248 (con Ross Levine y James Barth).

& # 8220 ¿Puede el mercado poco sofisticado proporcionar disciplina? & # 8221 en C. Borio, W. Hunter, G. Kaufman y Kostas Tsatsaronis, editores, Disciplina del mercado: la evidencia en todos los países e industrias, 2004, MIT Press (con Patrick Honohan).

& # 8220 Regulación y supervisión bancaria: una nueva base de datos & # 8221 en Robert Litan y Richard Herring, eds., Documentos de Brookings-Wharton sobre servicios financieros, 2001 (con James Barth y Ross Levine).

& # 8220La fragilidad financiera y la crisis del peso de 1994 en México: un análisis de ventana de eventos de los efectos de la valoración del mercado, & # 8221 Diario de dinero, crédito y banca, Agosto de 2000 (con Berry Wilson).

& # 8220 ¿La reforma financiera aumenta o reduce los ahorros? & # 8221 Revisión de economía y estadística, Enero de 2000 (con Oriana Bandiera, Patrick Honohan y Fabio Schiantarelli).

& # 8220 México & # 8217s Crisis del sector financiero: Vínculos propagativos a la devaluación, & # 8221 La Revista Económica, Enero de 2000 (con Berry Wilson y Tony Saunders).

Experiencia laboral seleccionada

Director, Política del Sector Financiero, Banco Mundial, 1998-2005 Jefe de Investigación del Sector Financiero, Banco Mundial, 1995-2003 Economista Financiero Principal, Principal y Principal, Banco Mundial, 1988-1995


Publicaciones Seleccionadas

Autor (es) Título Editor
Grytten, Ola Honningdal Lindmark, Magnus Minde, Kjell Bjørn La riqueza de las naciones y el desarrollo sostenible: intensidad energética y curva de Kuznets medioambiental Economía ambiental Volumen 1 (1) páginas 110-123 2020
Grytten, Ola Honningdal Revisión del historial de precios: índice de precios al consumidor de Noruega 1492-2018 Revisión de la historia económica escandinava Volumen 68 (2) páginas 129-144 2020
Koilo, Viktoriia Grytten y Ola Honningdal Efectos de la inestabilidad financiera marítima y la gestión de la cadena de suministro Problemas y perspectivas en la gestión Volumen 17 (4) páginas 62 - 79 2019
Grytten, Ola Honningdal Koilo, Viktoriia Inestabilidad financiera, desarrollo institucional y crisis económica en Europa del Este Gestión de inversiones e innovaciones financieras Volumen 16 (3) páginas 167-181 2019
Más publicaciones en Cristin

Volumen actual: Volumen 22 (2021)

Nota del editor

En nombre mío y del resto del Comité Editorial, me complace presentar la edición 2021 de The Review: A Journal of Undergraduate Research and Scholarship. En este volumen 22 de The Review se representa una variedad de trabajos de investigación escritos por estudiantes universitarios aquí en St. John Fisher College. Admiramos la voluntad de estos estudiantes de que sus trabajos sean reconocidos y publicados para esta edición.

El proceso de selección de un artículo para su publicación no es una tarea fácil. El Comité Editorial consideró minuciosamente cada envío que recibimos durante nuestro proceso de revisión y, en ocasiones, tuvimos dificultades para determinar qué deberíamos avanzar hacia la publicación final. Se cree que las piezas publicadas en esta edición de The Review son las mejores de todas las presentaciones que terminamos recibiendo. Sin embargo, agradecemos y agradecemos a todos aquellos estudiantes que dedicaron su tiempo a enviar una pieza para que sea potencialmente reconocida.

Me gustaría agradecer a los miembros del Comité Editorial por su esfuerzo y compromiso para asegurar que esta edición de 2021 de The Review sea una de las mejores hasta ahora. Además, gracias a nuestro asesor de la facultad, el Dr. Bissonette, por guiarnos hacia esta publicación finalizada. También queremos agradecer a los revisores de nuestra facultad cuyo conocimiento en sus respectivos campos nos permitió destacar piezas de investigación relevantes y precisas.

Felicitaciones a todos nuestros autores representados, especialmente a Kathryn Kelly, por ganar el Premio Provost de este año al Mejor artículo.


¿Qué es el salario mínimo: su historia y efectos en la economía?

Presidente Harkin, miembro de alto rango Alexander y miembros del Comité HELP, gracias por invitarme a testificar esta tarde. Mi nombre es James Sherk. Soy analista sénior de políticas en economía laboral en The Heritage Foundation. Las opiniones que expreso en este testimonio son mías y no deben interpretarse como una representación de ninguna posición oficial de The Heritage Foundation.

Los partidarios del salario mínimo tienen la intención de sacar de la pobreza a las familias de bajos ingresos. Desafortunadamente, a pesar de estas buenas intenciones, el salario mínimo ha resultado ineficaz para lograrlo. De hecho, a menudo frena a muchos de los trabajadores a los que sus defensores quieren ayudar. Los salarios mínimos más altos reducen el empleo en general y alientan a los trabajadores relativamente ricos a ingresar a la fuerza laboral. Los aumentos del salario mínimo a menudo llevan a que los empleadores reemplacen a adultos desfavorecidos que necesitan un trabajo por adolescentes suburbanos que no lo necesitan.

Esto puede tener consecuencias a largo plazo. Los puestos de salario mínimo son típicamente puestos de salario de aprendizaje: permiten a los trabajadores adquirir las habilidades necesarias para ser más productivos en el trabajo. A medida que los trabajadores se vuelven más productivos, obtienen salarios más altos y ascienden en su carrera. Dos tercios de los trabajadores con salario mínimo ganan un aumento en un año. El aumento del salario mínimo hace que esos puestos de nivel de entrada estén menos disponibles, lo que de hecho elimina el peldaño más bajo de la carrera profesional de muchos trabajadores. Esto perjudica las perspectivas de carrera de estos trabajadores.

Incluso si los trabajadores con salario mínimo no pierden su trabajo, el diseño superpuesto y descoordinado de los programas de asistencia social de EE. UU. Evita que los necesitados se beneficien de salarios más altos. A medida que aumentan sus ingresos, pierden asistencia y créditos fiscales federales. Estas pérdidas de beneficios compensaron la mayor parte del aumento salarial. Una madre soltera con un hijo enfrenta una tasa impositiva marginal efectiva del 91 por ciento cuando su salario aumenta de $ 7,25 a $ 10,10 la hora. Los estudios también encuentran que los salarios mínimos más altos no reducen las tasas de pobreza. A pesar de las mejores intenciones, el salario mínimo ha demostrado ser una política ineficaz, ya menudo contraproducente, en la guerra contra la pobreza.

El Congreso podría hacer más para ayudar a las familias de bajos ingresos reestructurando y coordinando los programas de asistencia social y sus tasas de eliminación asociadas. Nadie en Estados Unidos, y especialmente los trabajadores de bajos ingresos, debería enfrentar tasas impositivas superiores al 50 por ciento.

Historia del salario mínimo

El Congreso instituyó el salario mínimo en 1938 como parte de la Ley de Normas Laborales Justas (FLSA). El primer salario mínimo se situó en 25 centavos la hora. El último aumento del salario mínimo ocurrió en 2007, cuando el Congreso aumentó la tarifa en pasos de $ 5.15 la hora ese año a $ 7.25 la hora en julio de 2009. El Distrito de Columbia y 19 estados también han establecido salarios mínimos locales más altos que la tarifa federal. El salario mínimo estatal más alto del país se produce en el estado de Washington a 9,19 dólares la hora. El salario mínimo promedio en los EE. UU., Incluidas las tasas estatales más altas, actualmente es de $ 7.57 la hora. [1]

Durante los últimos 65 años, el salario mínimo ha variado considerablemente en el poder adquisitivo ajustado a la inflación. Ha promediado $ 6.60 la hora en poder adquisitivo en dólares de 2013. Pero ha oscilado entre un mínimo de 3,09 dólares la hora a finales de 1948 y un máximo de 8,67 dólares la hora en 1968 [2]. El salario mínimo de hoy compra algo más que el salario mínimo históricamente, aunque permanece más de un dólar la hora por debajo de su máximo histórico. [3]

El Congreso generalmente aumenta el salario mínimo solo en épocas de crecimiento económico saludable y bajo desempleo. En 1990, el Congreso promulgó un aumento del salario mínimo que entró en vigor el 1 de abril de ese año, cuando el desempleo se situó en el 5,4 por ciento. El Congreso votó para aumentar el salario mínimo nuevamente en agosto de 1996, cuando el desempleo se situó en 5.1 por ciento. La siguiente votación para aumentar el salario mínimo se produjo en mayo de 2007, cuando el desempleo se situó en el 4,4 por ciento. [4] El Congreso no ha votado a favor de aumentar el salario mínimo cuando el desempleo estaba por encima del 7,5 por ciento desde que terminó la Gran Depresión. [5]

¿Quién gana el salario mínimo?

Los estereotipos de las personas que ganan el salario mínimo van desde adolescentes con trabajos de verano hasta madres solteras que luchan por mantener a su familia. Los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) arrojan luz sobre quién gana realmente el salario mínimo.

Relativamente pocos estadounidenses lo hacen. En 2011 y 2012, 3.7 millones de estadounidenses informaron ganar $ 7.25 o menos por hora, solo el 2.9 por ciento de todos los trabajadores en los Estados Unidos. [6] [7] [8] Aquellos que trabajan en trabajos de salario mínimo se dividen en dos categorías distintas: trabajadores jóvenes, generalmente en la escuela, y trabajadores mayores que han dejado la escuela. La mayoría de los que perciben un salario mínimo pertenecen a la primera categoría, poco más de la mitad tienen entre 16 y 24 años [9]. El resto tiene 25 años o más. La Tabla 1 muestra las características de los trabajadores con salario mínimo en general, y desglosadas por grupos de edad.

Los trabajadores con salario mínimo menores de 25 años no suelen ser el único sostén de la familia. Más bien, tienden a vivir en hogares de clase media que no dependen de sus ingresos; su ingreso familiar promedio excede los $ 65,000 al año. Por lo general, no han terminado sus estudios y están trabajando a tiempo parcial. Más de las tres quintas partes de ellos (62 por ciento) están actualmente matriculados en la escuela. [10] Solo el 22 por ciento vive en la línea de pobreza o por debajo de ella, mientras que dos tercios viven en familias con ingresos que superan el 150 por ciento de la línea de pobreza. Estos trabajadores representan el grupo más grande que se beneficiaría directamente de un salario mínimo más alto, siempre que mantuvieran o pudieran encontrar un trabajo.

Los adultos que ganan el salario mínimo tienen menos probabilidades de vivir en familias de ingresos medios y altos. No obstante, las tres cuartas partes de los trabajadores mayores que ganan el salario mínimo viven por encima de la línea de pobreza. Tienen un ingreso familiar promedio de $ 42,500 al año, muy por encima de la línea de pobreza de $ 23,050 por año para una familia de cuatro. La mayoría (54 por ciento) elige trabajar a tiempo parcial y dos quintos están casados.

Muchos defensores del aumento del salario mínimo argumentan que ayudará a los padres solteros de bajos ingresos a sobrevivir con él como su única fuente de ingresos. Los trabajadores con salario mínimo, sin embargo, no se ajustan a este estereotipo. Solo el 4 por ciento de los trabajadores con salario mínimo son padres solteros que trabajan a tiempo completo, en comparación con el 5,6 por ciento de todos los trabajadores estadounidenses. [11] Los que ganan el salario mínimo tienen menos probabilidades de ser padres solteros que trabajan a tiempo completo que el trabajador estadounidense promedio.

Though some minimum-wage workers do struggle with poverty, they are not representative of the typical worker in minimum-wage jobs. The data simply does not support the stereotype of minimum-wage workers living on the edge of destitution.

Learning Wage Positions

Most minimum wage jobs are entry-level positions filled by workers with limited education and experience. As Table 1 shows, almost three-fifths of minimum wage workers have no more than a high school education. They work for the minimum wage because they currently lack the productivity to command higher pay.

Minimum-wage jobs give these workers experience and teach them essential job skills. Sometimes these skills are unique to an individual job, such as how to operate a particular piece of equipment. More often they pertain to general employability: the discipline of waking up early to go to work each day, learning how to interact with customers and coworkers, how to accept direction from a boss. These skills are essential to getting ahead in the workplace, but difficult to learn without actual on-the-job experience.

Once workers gain these skills they become more productive, and most quickly earn raises. Over two-thirds of workers starting out at the minimum wage earn more than that a year later.[12] Minimum-wage jobs are learning wage jobs—they teach inexperienced employees skills that make them more productive. They are the first step on many workers’ career ladders.

While very few Americans currently work for the minimum wage, a substantial number once did so. Over half of American started their careers making within one dollar of the minimum wage.[13] Most quickly get promoted as their productivity increases.

Workers have a say in how quickly they get promoted. Most minimum-wage earners work part time, and many are students and young adults who desire this flexibility. But minimum-wage workers who choose to work longer hours gain more skills and experience than those who work part time and, as expected, earn larger raises. A typical minimum-wage employee who works 35 hours or more a week is 13 percentage points more likely to be promoted within a year than is a minimum-wage worker putting in fewer than 10 hours per week.[14]

The notion that workers are trapped earning $7.25 an hour for much of their working lives is mistaken and ignores the primary value of minimum-wage jobs. Their importance lies not so much in the low wages they pay in the present, but in making workers more productive so they can command higher pay in the future.

Labor Demand Falls as Prices Increase

One of the central premises of economics is that “demand curves slope downwards”—when prices rise people buy less of a good or service. When gasoline becomes more expensive Americans drive less, and when it becomes less costly Americans drive more. The same applies to business owners. When the price of goods or services they use in production rises, they buy less of them. This includes labor costs—when wages rise employers hire fewer workers. Economists estimate the long-run elasticity of labor demand in the U.S. economy at around –0.3.[15] In other words, a ten percent increase in labor costs causes employers to cut their workforce by three percent. Higher compensation costs without corresponding increases in productivity cause employers to hire fewer workers.

This finding applies to employers of both highly skilled and unskilled workers.[16] Employers will not pay a worker more than their productive value to a firm. Businesses that do so quickly go out of businesses.

Samoa Americana

The recent experience of American Samoa dramatically illustrates how wage increases reduce employment. The tiny Pacific island chain has been an American territory for over a century. However, American Samoans have a largely separate economy and considerably lower incomes than residents of the continental United States: the average Samoan worker made $12,000 in 2009.[17] The tuna canning industry makes up a significant portion of their private sector.

Until recently American Samoa had a different minimum wage schedule than the continental United States. A committee within the Department of Labor set Samoan wage minimums according to local economic conditions. In January 2007 the minimum wage in the canning industry stood at $3.26 an hour. Unfortunately for American Samoa, Congress applied the 2007 federal minimum wage increase to the territory. The legislation aligned the Samoan minimum wage with the U.S. rate of $7.25 an hour in 50 cent annual increments.[18]

Almost every hourly worker in the tuna canning industry makes less than $7.25 an hour.[19] At that level the minimum wage would cover 80 percent of the islands’ hourly workers.[20] This would be the economic equivalent of raising the minimum wage to $20.00 an hour in the continental U.S.[21]

By May 2009 the third scheduled minimum wage increase in Samoa took effect, rising to $4.76 an hour and covering 69 percent of canning workers. This did not increase purchasing power, stimulate demand, and raise living standards, as many minimum wage proponents theorize. Instead StarKist—one of the two canneries then located in Samoa—laid off workers, cut hours and benefits, and froze hiring.[22] The other cannery—Chicken of the Sea—shut down entirely in September 2009.[23]

The Government Accountability Office reports that between 2006 and 2009 overall employment in American Samoa fell 14 percent and inflation-adjusted wages fell 11 percent. Employment in the tuna canning industry fell 55 percent.[24] The GAO attributed much of these economic losses to the minimum wage hike.

The Democratic Governor of American Samoa, Togiola Tulafona, harshly criticized this GAO report for understating the damage done by the minimum wage hike. Testifying before Congress Gov. Tulafona objected that “this GAO report does not adequately, succinctly or clearly convey the magnitude of the worsening economic disaster in American Samoa that has resulted primarily from the imposition of the 2007 US minimum wage mandate.”[25] Gov. Tulafona pointed out that American Samoa’s unemployment rate jumped from 5 percent before the last minimum wage hike to over 35 percent in 2009.[26] He begged Congress to stop increasing the islands’ minimum wage:

“We are watching our economy burn down. We know what to do to stop it. We need to bring the aggressive wage costs decreed by the Federal Government under control. But we are ordered not to interfere …Our job market is being torched. Our businesses are being depressed. Our hope for growth has been driven away…Our question is this: How much does our government expect us to suffer, until we have to stand up for our survival?”[27]

Samoan employers responded to higher labor costs the way economic theory predicts: by hiring fewer workers. Congress hurt the very workers it intended to help. Fortunately, Congress heeded the Governor’s plea and suspended the future scheduled minimum wage increases.

Minimum Wage Employment Effects

Virtually no economist doubts that raising the minimum wage to $20.00 an hour in the mainland U.S. would have similar consequences. Economists only debate the consequences of small minimum wage increases.

In part this is because, at current rates, the minimum wage affects very few workers, so it has relatively small effects on the overall economy. Even groups considered highly affected by the minimum wage have few minimum-wage workers overall. Just one-fifth of teenagers and restaurant employees work for the federal minimum wage.[28] Raising the minimum wage by $1.00 an hour – as many states have done – has little effect on most workers, even most teenagers. Consequently, a moderate increase in the minimum wage will have only small effects on the U.S. economy. It affects too few workers to have a larger impact. A law eliminating a tenth of minimum-wage jobs would raise overall unemployment by less than 0.3 percentage point.[29] Congress should not conflate small effects with no effect. The minimum wage does hurt the prospects of the relatively small number of workers it covers.

Until the mid-1990s, labor economists had a consensus that a 10 percent increase in the minimum wage reduced employment of impacted groups (like teenagers) by about 2 percent.[30] Research by David Card of the University of California-Berkeley challenged this conclusion.[31] His research, focusing on case studies of states that raised the minimum wage and states that did not, concluded the minimum wage had no adverse effect on employment. This spurred an explosion of research on the topic. This research coincided with a significant number of states raising their minimum wages above the federal level in the 1990s and 2000s. These state increases created far more case studies for economists to analyze and permitted panel studies utilizing variation in minimum wage rates across all U.S. states.

Two-thirds of the studies in this “new minimum wage research” utilizing state variation in minimum wages came to the same conclusion that previous economists had: higher minimum wages reduce the employment of less-skilled workers.[32] Among the most methodologically rigorous studies, 85 percent came to this conclusion.

A recent line of papers by Michael Reich, Arindrajit Dube, and Sylvia Allegretto contest these findings.[33] They argue that states that raised their minimum wage above the federal level (typically in the Northeast and West Coast) have slower underlying employment growth than states that did not raise their minimum wage (typically in the South and Mountain West). They contend that studies finding negative employment effects conflate these pre-existing trends with the effects of higher minimum wages. They find that once researchers control for state or regional trends the negative relationship goes away. They then compared counties that border each other across a state line and concluded higher minimum wages have negligible employment effects on teenagers and restaurant employees.

David Neumark of the University of California–Irvine and William Wascher of the Federal Reserve Board strongly dispute this critique.[34] They show that the evidence for pre-existing trends biasing previous studies is weak. They demonstrate that it takes very specific controls to make the relationship between the minimum wage and job losses disappear. Using more general specifications favored by economists produces the standard conclusion that minimum wage increases cost jobs.

Neumark and Wascher also argue that the many counties compared across state borders have very different economic climates. For example, Dube et al. compare urban Leon County in Florida (the home county of Tallahassee) with its population of 275,000 to rural Grady County, Georgia – population 25,000. Neumark and Wascher used statistical tests to analyze how closely the labor markets of these cross-border counties resemble each other. They find that among reasonable candidates for comparison, the cross-border counties “appear no better than a random draw.”[35]

They conclude that economists should look at data from all states, not just cross-border comparisons, and use standard specifications to control for pre-existing trends. Doing so produces the usual finding that minimum wage increases cost jobs. Raising the price of unskilled labor causes employers to hire fewer unskilled workers.

Crowding Out Disadvantaged Workers

The minimum wage especially hurts disadvantaged workers’ job prospects. Higher minimum wages encourage employers to replace less-skilled workers with more productive employees. Given the choice between hiring an unskilled worker for $10.10 an hour and a worker with more experience for the same rate, companies will always choose the more experienced and productive employee.

Higher minimum wages also make working in such jobs more attractive, drawing greater numbers of workers with outside sources of income into the labor market. Many suburban teenagers and college students enter the labor market when the minimum wage rises. As they apply for job openings they crowd out urban teenagers and disadvantaged adults who would have sought the jobs at the previous wages. Overall, the minimum wage reduces disadvantaged workers’ employment much more than it reduces overall employment. It causes the very workers minimum wage advocates most want to help to have the greatest difficulty finding jobs.

Empirical research consistently bears this out. One recent study examined administrative data from a large retail chain.[36] When the minimum wage rose, the chain slightly reduced overall employment. Surprisingly, however, teenage employment rose in several stores. These teen employment gains came at the expense of larger job losses among adults. The composition of teenage employment also changed, with more teens coming from wealthier neighborhoods and fewer from low-income neighborhoods. The higher wages prompted many suburban teenagers to apply for work. They crowded many low-income adults and youth out of jobs.

Another study examined how teenage employment and school enrollment changed after states raised their minimum wage.[37] It found that when states raised their minimum wage, younger teens and those who had dropped out of school were more likely to become unemployed. At the same time, higher-skill teenagers were more likely get jobs. When they have to pay higher wages, businesses hire higher-skill workers, freezing the least productive workers out of the job market.

Even studies that find the minimum wage has negligible overall employment effects find it decreases the employment of disadvantaged workers. Kevin Lang and Shulamit Kahn of Boston University examined how restaurant employment changed after minimum wage hikes in the late 1980s and early 1990s.[38] They found no evidence that the minimum wage reduced total restaurant employment, but they did find that it dramatically changed the mix of workers that restaurants hired. Teenage and student employment rose, while adult employment dropped.

A higher minimum wage is great news for a high school student working part time to buy an iPhone. It hurts lower-skill adult workers who need work to support themselves and perhaps their families. Making entry-level jobs less available makes it harder for them to gain the skills and experience necessary to advance to better paying jobs. The minimum wage effectively saws off the first rung on their career ladder.

Little Benefit to Families in Poverty

The minimum wage raises the pay of many workers at the cost of some jobs. A lot of advocates for minimum wage increases consider this a good trade-off. They argue that the gains for the workers who benefit far outweigh the costs to those who lose out. For example, raising the minimum wage by 40 percent – from $7.25 an hour to $10.10 an hour – would cost roughly 8 percent of heavily affected worker groups their jobs (although losses would be larger among the most disadvantaged workers).[39] At first glance this may seem like a good deal.

However, this analysis ignores the way American tax and welfare programs claw back wage gains made by low-income workers. Congress has created many overlapping means-tested benefit programs: the supplemental nutrition assistance program (SNAP, formerly called food stamps), temporary assistance for needy families (TANF), the Earned Income Tax Credit (EITC), child-care subsidies, housing vouchers, and Women, Infants, and Children (WIC) benefits. The government also provides extensive in-kind health care benefits: Medicaid, SCHIP, and the soon to be operating health care exchange subsidies.

These benefits phase out at different rates as income rises. Earning an additional dollar of income reduces SNAP benefits by 24 cents. Workers in the EITC phase-out range lose 21 cents for each additional dollar they earn. Housing vouchers phase out at a 30 percent rate. Low-income workers must also pay payroll (15 percent) and income taxes (10-15 percent) on each additional dollar of income. Medicaid operates with a cliff: when workers’ incomes exceed a certain threshold, they lose all benefits.

Congress did not coordinate these benefit phase-outs across programs. Consequently low-income workers can face very high effective tax rates as they lose benefits from multiple programs. Consider workers both losing SNAP benefits and landing in the EITC phase out range. For each additional dollar they earn they pay 15 cents in additional payroll taxes, 15 cents in income taxes, an average of 5 cents in state income taxes, as well as losing 21 cents of their EITC benefit and forgoing 24 cents of SNAP benefits – an effective marginal tax rate of 80 percent. Each extra dollar earned increases their net income by only 20 cents. Not even millionaires pay such high tax rates.

The Congressional Budget Office studied this issue in a report released last year.[40] It found that a single parent with one child earning between $15,000 to $25,000 experiences almost no financial benefit from working additional hours or getting a raise.[41] What they gain in market income they lose in reduced benefits, leaving them no better off.

The academic literature concludes that low-income families financially benefit when the head of the household enters the labor force and takes a job that pays near the poverty level. However, additional hours of work – or higher wages – beyond that generally produce little additional net benefit until earnings exceed 150 to 200 percent of the poverty level.[42]

Unfortunately, minimum-wage workers with incomes below the poverty level fall into this earnings dead zone. A childless adult working full time for the minimum wage earns $15,080 a year, above the poverty level for one person ($11,490). That adult (or a teenager) qualifies for relatively few federal benefits. But a single parent working the same job would fall below the poverty level for either one ($15,510) or two ($19,530) children. That single parent qualifies for many means-tested federal benefits. If the federal minimum wage rose to $10.10 an hour ($21,008 a year for a full-time job) benefit reductions would claw back the majority of his or her raise.

Table 2 shows the effective marginal tax rates facing full-time workers in various family situations whose incomes rise from $7.25 an hour to $10.10 an hour. The figures come from the Urban Institute’s Net Income Change Calculator. Some columns show the effective tax rates when workers participate in all programs for which they are eligible. Others show the tax rate when workers only participate in food stamps and pay their taxes. Note that these figures understate the effective marginal tax rates because they exclude the loss of health care benefits like Medicaid and SCHIP. Even without including health benefits, workers lose at least 50 percent of their benefits and in some cases much more.

Nationwide, the average single parent with one child who participates in all programs for which they are eligible faces an effective marginal tax rate of 91 percent. The same parent with two children faces an effective tax rate of 79 percent. In some states the raise would actually financially hurt families.

Consider a Patty Jones, a hypothetical single mother in Des Moines, Iowa, who gets an offer for a job at minimum wage.[43] If she goes from not working to working full time, her monthly income rises from $1,146 to $1,838. However, if she gets a raise to $10.10 an hour, her monthly income falls to $1,574. She loses over $260.While her market income rises by $494, she loses $71 in EITC refunds, pays $37 more in payroll taxes and $45 more in state income taxes. She also loses $88 in food stamp benefits and $528 in child-care subsidies. Patty would be better off without the raise.

This system makes it very difficult to lift families out of poverty by raising the minimum wage. Higher minimum wages make it more difficult for disadvantaged adults to find jobs. This hurts their finances. However, for those living below the poverty line who keep their job, the raise provides little net benefit. Much or all of what they gain in higher pay gets clawed back as reduced benefits.

College students and teenagers with jobs do benefit from a higher minimum wage they have few government benefits to lose. But Congress does not raise the minimum wage to help teenagers buy jeans or iPhones. It does so to help families struggling below the poverty line. Current law makes it almost impossible to achieve that goal.

No Effect on Poverty

Economic research further shows that raising the minimum wage does not reduce poverty.[44] Economists have studied changes in aggregate state poverty rates when states raise their minimum wage. They have also examined micro-data on individual families’ finances when the minimum wage changes. A study finds minimum wages reduce poverty.[45] One other study finds the opposite result.[46] But the overwhelming balance of recent research finds no effect of the minimum wage on poverty.[47] Even David Card, a researcher celebrated by minimum wage advocates, comes to this conclusion.[48]

This should come as little surprise. Besides reducing job opportunities and the perverse structure of the welfare state, very few poor families have any minimum wage workers. Only 11 percent of the workers who would gain from raising the minimum wage to $9.50 an hour live at or below the poverty line.[49]

In fact, very few poor families have any full-time workers at all. Only 9 percent of adults living below the poverty line work full time year round. One quarter work part time. Two-thirds of adults living below the poverty line do not work at all.[50] Raising the minimum wage hurts their job prospects but does nothing to increase their earnings – they have none.

If Congress wants to reduce poverty it should focus on restructuring the welfare state to remove the current disincentives to work. For too many low-income families additional work does not pay. Few Americans at any income level would work longer hours when faced with a tax rate exceeding 50 percent.

The Heritage Foundation is a public policy, research, and educational organization recognized as exempt under section 501(c)(3) of the Internal Revenue Code. It is privately supported and receives no funds from any government at any level, nor does it perform any government or other contract work.

The Heritage Foundation is the most broadly supported think tank in the United States. During 2013, it had nearly 600,000 individual, foundation, and corporate supporters representing every state in the U.S. Its 2013 income came from the following sources:

The top five corporate givers provided The Heritage Foundation with 2% of its 2013 income. The Heritage Foundation’s books are audited annually by the national accounting firm of McGladrey, LLP.

Members of The Heritage Foundation staff testify as individuals discussing their own independent research. The views expressed are their own and do not reflect an institutional position for The Heritage Foundation or its board of trustees.

[1] Heritage Foundation calculations using data on state minimum wage rates from the Department of Labor, Wage and Hour Division. The figure is a weighted average, where the weights are each state’s respective share of hourly employees in the U.S.

[2] Source: Heritage Foundation calculations using data from the Department of Labor, Wage and Hour Division. Inflation adjusted using the Personal Consumption Expenditures (PCE) price index.

[3] Analysis inflation adjusting historical minimum wage rates with the Consumer Price Index (CPI) will report higher real rates. The CPI estimates higher inflation than the PCE index and other chained measures of inflation do. This results in a larger upwards to historical rates to account for inflation. Using the CPI the minimum wage stood at $10.60 an hour in 1968. However, economists widely agree that the Laspreyes fixed-basket methodology the CPI utilizes produces less accurate estimates than a chained-index methodology. Consequently this paper uses the PCE index to adjust for past inflation. See for example Clinton McCully, Brian Moyer, and Kenneth Stewart, “A Reconciliation between the Consumer Price Index and the Personal Consumption Expenditures Price Index,” Bureau of Economic Analysis Papers, September 2007.

[4] Department of Labor, Bureau of Labor Statistics, “The Employment Situation,” April 1990, August 1996, May 2007.

[5] Although the economy has slipped into recessions after minimum wage increases (such as in 2007), these contractions were not expected when Congress voted.

[6] Heritage Foundation analysis of data from the Current Population Survey (CPS). The Census Bureau and Bureau of Labor Statistics jointly conduct the CPS. All numbers, except average family income and poverty status, come from analysis of the 2011 and 2012 Merged Outgoing Rotation Group (MORG) file of the CPS. Minimum-wage earners were defined as hourly employees paid $7.25 an hour or less. Poverty and family income statistics come from the March supplement to the 2011 and 2012 CPS data. Data available for download at http://thedataweb.rm.census.gov/ftp/cps_ftp.html and https://cps.ipums.org/cps/

[7] The 2.9 percent figure includes both salaried and hourly employees. Approximately 5 percent of hourly employees get paid the federal minimum wage.

[8] These numbers include workers who also earn tip income. Many of those earning less than the minimum wage work in restaurants and make more than the minimum wage after taking tips into account.

[9] 50.5 percent of minimum wage earners are between the ages of 16 and 24.

[10] Heritage Foundation calculations using the 2011 and 2012 Current Population Survey. The months of June, July, and August were excluded to avoid conflating summer breaks with non-enrollment.

[11] Heritage Foundation analysis of data from the Current Population Survey (CPS). A single parent is defined as someone who reports that he or she has one or more of his or her own children present in the household and who is widowed, divorced, separated, or never married. Full-time employees are classified as those working 35 or more hours a week.

[12] David Macpherson and William Even, “Wage Growth Among Minimum Wage Workers,” Employment Policies Institute, June 2004, p. 3-5, at www.epionline.org/studies/macpherson_06-2004.pdf.

[13] William Carrington and Bruce Fallick, “Do Some Workers Have Minimum Wage Careers,” Monthly Labor Review, May 2001, pp. 17-27, Table 2

[14] Macpherson and Even, “Wage Growth Among Minimum Wage Workers,” pp. 8-11.

[15] Daniel S. Hamermesh, Labor Demand (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1993).

[16] Although studies typically find workers with greater skills have a smaller elasticity of demand.

[17] Government Accountability Office, Samoa Americana and the Commonwealth of the Northern Mariana Islands: Employment, Earnings, and Status of Key Industries Since Minimum Wage Increases Began, Report No. GAO-11-427, June 2011, Figure 11.

[19] Government Accountability Office, Samoa Americana and the Commonwealth of the Northern Mariana Islands, pag. 63.

[20] U.S. Department of Labor, Impact of Increased Minimum Wages on the Economies of American Samoa and the Commonwealth of the Northern Mariana Islands, January 2008.

[21] Heritage Foundation calculations using data from the Outgoing Rotation Groups of the 2012 monthly current population survey. $20.00 an hour is the 80th percentile for workers paid hourly wages.

[22] Government Accountability Office, American Samoa and the Commonwealth of the Northern Mariana Islands pag. 63.

[25] Testimony of American Samoa Governor Togiola Tulafona before the Subcommittee on Fisheries, Wildlife, Oceans and Insular Affairs of the Committee on Natural Resources, U.S. House of Representatives, September 23, 2011. Opening statement available online at http://americansamoa.gov/index.php/news-bottom/30-gov-togiola-tells-u-s-congress-minimum-wage-increase-will-destroy-as-economy

[26] Ibídem., Written Testimony, Table 3.

[28] Department of Labor, Bureau of Labor Statistics, “Characteristics of Minimum Wage Workers – 2012,” Tables 1 and 4, athttp://www.bls.gov/cps/minwage2012tbls.htm.

[29] The increase in unemployed would probably be less – many of these workers, especially teenagers and college students, would probably drop out of the labor market altogether and no longer count as unemployed.

[30] Charles Brown, Curtis Gilroy, and Andrew Kohen, “The Effect of the Minimum Wage on Employment and Unemployment,” Journal of EconomicLiterature Vol. 20, No. 2 (June 1982), pp. 487–528.

[31] David Card and Alan Krueger. “Minimum Wages and Employment: A Case Study of Fast-Food Industry in New Jersey and Pennsylvania,” American Economic Review, Vol. 48, No. 4 (1994), pp. 772-793.

[32] David Neumark and William Wascher, Minimum Wages (Cambridge, MA: The MIT Press, 2008).

[33] See for example Sylvia Allegretto, Arindrajit Dube, and Michael Reich, “Spatial Heterogeneity and Minimum Wages: Employment Estimates for Teens Using Cross-State Commuting Zones,” Berkeley, CA: Institute for Research on Labor and Employment, 2009 Sylvia Allegretto, Arindrajit Dube, and Michael Reich, “Do Minimum Wages Really Reduce Teen Employment? Accounting for Heterogeneity and Selectivity in State Panel Data,” Industrial Relations, Vol. 50, No. 2, pp. 205-240 Arindrajit Dube, T. William Lester, and Michael Reich, “Minimum Wage Effects Across State Borders: Estimates Using Contiguous Counties,” Review of Economics and Statistics, Vol. 92, No. 4 (2010), pp. 945-964.

[34] David Neumark, Ian Salas, and William Wascher, “Revisiting the Minimum Wage- Employment Debate: Throwing Out the Baby with the Bathwater?” National Bureau of Economic Research Working Paper No. 18681 (2013), http://www.nber.org/papers/w18681.

[36] Laura Giuliano, “Minimum Wage Effects on Employment, Substitution, and the Teenage Labor Supply: Evidence from Personnel Data,” The Journal of Labor Economics, Vol. 31, No. 1 (January 2013), pp. 155-194.

[37] David Neumark and William Wascher. “The Effects of Minimum Wages on Teenage Employment and Enrollment: Evidence from Matched CPS Surveys,” in Solomon Polchek, ed. Research in Labor Economics, Vol. 15 (Greenwich, Conn.: JAI Press, 1996).

[38] Kevin Lang and Shulamit Kahn, “The Effect of Minimum-Wage Laws on the Distribution of Employment: Theory and Evidence,”Journal of Public Economics, Vol. 69, No. 1 (July 1998), pp. 67-82.

[39] This assumes an employment elasticity of –0.2.

[40] Congressional Budget Office, “Effective Marginal Tax Rates for Low – and Moderate- Income Workers,” November 2012,http://www.cbo.gov/sites/default/files/cbofiles/attachments/11-15-2012-MarginalTaxRates.pdf.

[42] Elaine Maag, C. Eugene Steuerle, Ritadhi Chakravarti, and Caleb Quakenbush, “How Marginal Tax Rates Affect Families at Various Levels of Poverty,” National Tax Journal, Vol. 65, No. 4 (December 2012), pp 759-782.

[43] All assumptions are the same as for a single parent with one child as explained in the footnotes of Table 2.

[44] Note that this does not follow directly from the preceding section. Poverty calculations exclude non-cash benefits like Medicaid, SNAP, and housing vouchers.

[45] John Addison and McKinley L. Blackburn, “Minimum Wages and Poverty, Revisión de relaciones laborales e industriales Vol. 52, No. 3 (1999), pp. 393–409.

[46] David Neumark, Mark Schweitzer, and William Wascher, “The Effects of Minimum Wages on the Distribution of Family Incomes: A Non-Parametric Analysis,” Journal of Human Resources Vol. 40, No. 4 (2005), pp.867–94.

[47] Richard V. Burkhauser and Joseph J. Sabia, “Minimum Wages and Poverty: Will a $9.50 Federal Minimum Wage Really Help the Working Poor?” Southern Economic Journal, Vol. 77, No. 3 (January 2010) Richard Vedder and Lowell Gallaway, “Does the Minimum Wage Reduce Poverty?” Employment Policies Institute, June 2001 Jill Jenkins, “Minimum Wages: The Poor Are Not Winners,” Employment Policy Foundation, January 12, 2000 Ronald B. Mincy, “Raising the Minimum Wage: Effects on Family Poverty,” Monthly Labor Review Vol. 113, No. 7 (July 1990) Richard Burkhauser, and Joseph J. Sabia, 2007. “The Effectiveness of Minimum Wage Increases in Reducing Poverty: Past, Present, and Future,” Contemporary Economic Policy Vol. 25, No. 2 (2007), pp. 262–281 Craig Gundersen, and James Patrick Ziliak, 2004. “Poverty and Macroeconomic Performance Across Space, Race, and Family Structure,”Demography Vol. 41, No. 1 (2004), pp. 61–86 David Neumark, and William Wascher. 2002. “Do Minimum Wages Fight Poverty?”Economic Inquiry Vol. 40, No. 3(2002) pp. 315–333.

[48] David Card and Alan B. Krueger, Myth and Measurement: The New Economics of the Minimum Wage (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1995).

[49] Burkhauser and Sabia, “Minimum Wages and Poverty: Will a $9.50 Federal Minimum Wage Really Help the Working Poor?”


Management : Journal of Contemporary Management Issues

The primary goal of MANAGEMENT - Journal of Contemporary Management Issues is to present current research in the field of management both to domestic and foreign public. The Journal deals with pressing problems, not only of general nature, but especially with those occurring in the countries in transition. In fact, it aims to cover functional issues, specific topics and general aspects of management related to all kinds of organizations – manufacturing and service companies, profit-making firms and non-profit organizations, private and public, as well as large and small enterprises.

As of 2018, Editorial board of the journal consists of the following researchers:
1. Željana Aljinović Barač, Sveučilište u Splitu (HR)
2. Maja Arslanagić, Univerzitet u Sarajevu (BA)
3. Jovo Ateljević, Univerzitet u Banjoj Luci (BA)
4. Fawaz Baddar, IESEG Ecole de commerce (FR)
5. Danica Bakotić, Sveučilište u Splitu (HR)
6. Biljana Crnjak Karanović, Sveučilište u Splitu (HR)
7. Tomaž Čater, Univerza v Ljubljani (SI)
8. Maja Čukušić, Sveučilište u Splitu (HR)
9. Matilda Dorotić, BI Norwegian Business School (NO)
10. Milena Dragičević Šešić, Univerzitet umetnosti (RS)
11. Veselin Drašković, Univerzitet Crne Gore (CG)
12. Jozef Dziechciarz, Uniwersytet Ekonomiczny we Wrocławiu (PL)
13. Renata Franc, Institut Ivo Pilar (HR)
14. Robert M. Grant, Universita' Bocconi (IT)
15. Philipp Hallinger, Mahidol University (TH)
16. Alma Harris, University of Bath (UK)
17. Iraj Hashi, Staffordshire University (UK)
18. Tomislav Hernaus, Sveučilište u Zagrebu (HR)
19. Michael Hughes, University of Aberdeen (UK)
20. Marija Kaštelan Mrak, Sveučilište u Rijeci (HR)
21. Thomas Lange, Middlesex University (UK)
22. Josef Langer, Alpen Adria Universitat Klagenfurt (AT)
23. Branka Marasović, Sveučilište u Splitu (HR)
24. Brano Markić, Sveučilište u Mostaru (BA)
25. Dario Miočević, Sveučilište u Splitu (HR)
26. Robert E. Morgan, Cardiff University (UK)
27. Dennis P. Nickson, University of Strathclyde (UK)
28. Vedran Omanović, Göteborgs Universitet (SE)
29. Jurica Pavičić, Sveučilište u Zagrebu (HR)
30. Primož Pevcin, Univerza v Ljubljani (SI)
31. Sanja Pfeifer, Sveučilište u Osijeku (HR)
32. Vojko Potočan, Univerza v Mariboru (SI)
33. Dražen Prelec, MIT (US)
34. Paulette Robic, Universite de Nantes (FR)
35. Isabel Rodriguez, University of Surrey (UK)
36. Amit Sharma, Penn State University (US)
37. Slavica Singer, Sveučilište u Osijeku (HR)
38. Ewa Stańczyk-Hugiet, Wrocław University of Economics (PL)
39. Nebojša Stojčić, Sveučilište u Dubrovniku (HR)
40. Miha Škerlavaj, BI Handelshoyskolen (NO)
41. Vlatka Škokić, Sveučilište u Splitu (HR)
42. Milica Uvalic, Universita degli Studi di Peruggia (IT)
43. Ivona Vrdoljak Raguž, Sveučilište u Dubrovniku (HR)
44. Srđan Zdravković, Bryant University (US)
45. Nada Zupan, Univerza v Ljubljani (SI)
46. Lajoš Žager, Sveučilište u Zagrebu (HR)

This journal is referred in the following citation and bibliographical databses: Journal of Economic Literature/EconLit (American Economic Association), Directory of Open Access Journals (DOAJ), EBSCO Publishing, ERIH Plus (Norwegian Social Science Data Services), GALE/Cengage, Index Copernicus (Poland), IBZ Online (Internationale Bibliographie der geistes- und sozialwissenschaftlichen Zeitschriftenliteratur), ProQuest International Bibliography of the Social Sciences and ABI/INFORM, SciVerse SCOPUS (Elsevier).

Starting with Vol 22, No. 1 (2017), the journal is also referred by the Emerging Sources Citation Index (ESCI) - Web of Science (Clarivate Analytics - ex Thomson Reuters).

Peer review: peer review, equally national and international peer review, double, only scientific papers, double blind review

First year of publication: 1996

Scientific disciplines and subdisciplines: Economics Information and Communication Sciences Sociology Psychology Interdisciplinary Social Sciences

Date added to HRČAK: 21 January 2008

Scientific papers, to be published in Management - Journal of Contemporary Management Issues, are, at least, subjected to the double-blind peer review process.

This journal has the permanent policy of publishing only the original, high-quality, peer-reviewed content, without any fees charged to the authors.

Management - Journal of Contemporary Management Issues has voluntarily adopted the ethical and plagiarism guidelines, as recommended by the International standards for editors and authors, adopted at the Second World Conference on Research Integrity, held in Singapore (2010).

As a matter of routine, this journal checks all the submissions by using the iThenticate anti-plagiarism online service.


Review: Volume 22 - Economics - History

International Review of Economics - Journal of Civil Economy (IREC) covers a broad range of macro- and microeconomic topics, and showcases high-quality empirical, theoretical and policy-oriented contributions. In particular, IREC welcomes papers focused on the analysis of social interactions, wellbeing, welfare and happiness, capabilities, reciprocity, trust, relational goods, formal and informal institutions, law and economics, prizes and incentives, economics and philosophy, economic theology, the history of economic thought, non-profit organizations, and social economy. Civil Economy refers to a 18th-century Southern European tradition, which views the market as a pre-condition for civilization. Today, Civil Economy denotes a special focus on the ‘civil’ and ethical dimensions of economic issues, and on pursuing the common good in the economic domain.

Officially cited as: Int Rev Econ

  • Focuses on the economics of social interactions, wellbeing, happiness and related fields
  • Considers the ‘civil’ and ethical dimensions of economic issues
  • Showcases high-quality empirical, theoretical and policy-oriented contributions


Ver el vídeo: 3 mejores LIBROS sobre ECONOMÍA (Julio 2022).


Comentarios:

  1. Khristian

    Excusa, que interfiera, pero sugiero ir a otro.

  2. Dynadin

    Entre nosotros hablando, llegaría de manera diferente.

  3. Mule

    Muy buena información

  4. Atreides

    Es notable, es información muy valiosa

  5. Kar

    Qué frase necesaria ... super, una idea brillante

  6. Daley

    En mi opinión no tienes razón. Vamos a discutir. Escríbeme por MP.



Escribe un mensaje